lunes, diciembre 06, 2004

¡Dejadnos pensar, dejadnos hablar!

Para todo aquél que la conozca, San Sebastián es una ciudad maravillosa. Agradable para pasear, a pesar del continuo sirimiri, con una estupenda gastronomía, y con unos habitantes en su mayoría bonísima gente. Para el que nunca haya estado, que no pierda más tiempo y la visite en la primera oportunidad que se le presente.

Viene esta reflexión a cuento del fin de semana pasado, en el que tuve ocasión de asistir allí al XIII Congreso de la Abogacía Joven, integrándome en la ponencia sobre el uso de las nuevas tecnologías en el ejercicio de la profesión de abogado. El tema era extraordinariamente interesante, y me decidí a participar en un foro donde los intervinientes - así lo esperaba yo, infeliz de mí - mostrasen una mentalidad abierta. Cuán iluso puede llegar a ser el ser humano, que aun conociendo las debilidades de algunos de sus prójimos, les concede el beneficio de la duda.

Dos abogados de Zaragoza tuvieron la feliz ocurrencia de pensar que se podían mantener posiciones distintas de las oficiales en algunos asuntos de hondo calado colegial, y recibieron una respuesta que no por intuida fue menos desoladora - y el adjetivo que uso no expresa ni mucho menos todo lo que se me ocurre. Si alguien llega a decirme antes de entrar al Palacio Kursaal que me iba a ir de allí con la impresión de que se había intentado impedir por todos los medios, y que se había logrado, que un congresista no pudiera exponer ante los demás participantes la comunicación que había preparado al respecto de un asunto de gran interés (la protección de datos en el ámbito de la abogacía española) le habría tildado de excesivamente mal pensado, aunque en el fondo me pudiera caber la duda. La actitud de la organización fue penosa, lamentable, descorazonadora y muchas cosas más que me callo por la gravedad que podrían suponer mis palabras, pero que todos podéis intuir.

Maximilian ha publicado ya la comunicación que no tuvo oportunidad de ser defendida en ese Congreso. Recomiendo vívamente a todos los que leéis este blog y trabajáis con una maravillosa mente abierta que la leáis, y os daréis cuenta del temor que tenemos derecho a sentir hasta los más comunes de los mortales si tesis como las que se defienden en ese documento provocan una reacción como la que tuvo lugar en la capital donostiarra.

El otro compañero sí "tuvo tiempo" de defender su comunicación: apuesto a que la mayoría de los asistentes se quedaron en lo lúdico de su exposición y de la presentación en power point que la acompañaba, sin caer en la cuenta del verdadero fondo. Se quedaron con la imagen, pero no con el mensaje. Y en el trámite de conclusiones de la ponencia defendió el derecho de su compañero a que la comunicación no defendida por ¿falta de tiempo causada por la mala organización, o quizá algo más grave? fuera asumida por la mesa. No se atendió su petición, lo cual, cuando menos, no denota precisamente la expresión de un sano compañerismo, siendo que ni siquiera se hizo intención de permitir la defensa de esa comunicación habilitando para ello el tiempo preciso, aunque fuera con anterioridad a ese trámite de conclusiones.

Mal, muy mal. Mis sospechas se confirman, y no presagian nada bueno. Las mentes abiertas no abundan en la medida que sería deseable, y eso nos pone en peligro a todos.

Mantengámonos pues, vigilantes, ya que la tormenta se avecina, y el temporal amenaza con fuerza. La lucha no ha hecho sino comenzar.

¡Ánimo, muchachos!.

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